martes, 7 de enero de 2025

HACERSE EL TONTO

 ¡Hay que ver con qué virtuosismo me hago el tonto! ¡Si parezco de verdad! Domino tanto la técnica que a cualquiera puedo colarle mi disfraz. Cuando me conviene aparentar que no me he enterado de algo, adopto una expresión vacía y comienzo a titubear... 

Y lo bueno es que yo en el pasado no solía practicar el disimulo; al contrario. A las insinuaciones o provocaciones de los demás siempre respondía con un alegato vehemente. Pero a fuerza de perder amistades, tiempo y energía, llegué a la conclusión de que no a todas las patochadas resulta provechoso contestar...

Nieves Correas Cantos


EL RULÉ – Opiniones de una lectora

 Estimada Nieves:

Le escribo para decirle que su relato “Mientras decido” me ha encantado. Sí, amiga; porque de la misma manera que le pasó a usted, yo también acabé un día atrapada en un sillón y con mucho bochorno. Inmovilizada en una especie de artefacto futurista que, además de resultar incomodísimo, era espantoso...

Lo que no termino de entender es por qué en medio de unos renglones tan perfectos ha introducido usted una voz francesa para llamar al culo. Es verdad que el vocablo “le derrière” parece prestar glamur a esa parte del cuerpo que está debajo de la espalda; pero ¡donde esté nuestra palabra rulé..! 

Atentamente le saluda

La Flor de las Maravillas

Nieves Correas Cantos 


MIENTRAS DECIDO

 Desde hace una hora permanezco retrepada en un sillón de diseño psicodélico; en medio de unos grandes almacenes. Me mantengo en dicho estado por una razón muy sencilla: no me puedo levantar y me da vergüenza pedir ayuda. Lo que no sé es cómo se me ocurrió colocar le derrière en un asiento tan difícil. ¡Pero, si nada más verlo, me percaté de lo hondo que era y de lo inclinado que estaba! En cuanto fui a sentarme, caí en su fondo en una postura poco glamurosa y de este modo continúo. Necesito que alguien tire de mis brazos para sacarme de aquí. Prefiero que sea un chico joven a un hombre de mi edad; por el mero motivo de no añadir patetismo a la escena... 

Nieves Correas Cantos


DE JACULATORIAS Y TRABALENGUAS

 Con toda certeza, el padre Fulgencio era un hombre bonísimo; pero a mí, de pequeña, me provocaba terror. Cuando lo veía aparecer por casa con su hábito de fraile, sus luengas barbas y su gigantez, me entraba tal miedo que invariablemente me escondía. Y lo hacía de muchas maneras: envolviéndome con las cortinas del cuarto de estar; metiéndome en el ropero; confundiéndome entre las peponas de cartón que guardábamos en la buhardilla...

Si hago mención de este religioso es porque hace un rato he oído la locución “Tres tristes tigres” y me he acordado de él. De su afición por enseñar a los chiquillos  jaculatorias y trabalenguas de una forma paralela. Religión y lenguaje a la vez. Aprender a recitar la oración “Jesusito de mi vida” y a pronunciar de corrido “Pablito clavó un clavito”...

Nieves Correas Cantos


LO SUSTANTIVO Y LO IDEAL – El tiempo que estuve contigo

 Hace un rato, escuchando a Frank Sinatra cantar “Fly Me to the Moon”, me he  retrotraído al tiempo que pasé contigo. Están tan lejos aquellos días que algunos de los recuerdos que guardo ya no sé si tienen fundamento o son figuraciones vanas de mi imaginación; pero, sea lo que fuere, me da lo mismo. Me gustan aquestos batiburrillos evocatorios en los que probablemente se mezclan cosas que pasaron en la realidad con otras que sólo existieron en el pensamiento; lo sustantivo con lo ideal... En cualquier caso, en nuestra historia hubo tardes de baladas y noches de jazz; muestras de torpeza y rasgos de sabiduría; observancias y transgresiones; amor incondicional... 

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LA IMPRESCINDIBLE AUDACIA

 Llámenlo de la manera que quieran: motivación, influjo divino, aliento celestial... Mas lo cierto es que sin este impulso del que hablo, el cuentista se ve incapaz de inventar.

LA IMPRESCINDIBLE AUDACIA 

Cuando alguien me pregunta que por qué no escribo con la misma asiduidad que antes, le respondo que porque no tengo tiempo; pero lo que realmente me falta es motivación. Me refiero a una especie de influjo divino que hasta hace poco gobernaba mi proceder como autora de microrrelatos y que ahora siento que me ha abandonado. Así, al modo de un amante veleidoso, se ha esfumado sin decir ni adiós...

En estas condiciones de desabrigo, la actividad escritural se me hace tediosa y por ello procuro espaciarla. Carente del estro necesario, no logro dar con la senda...

Nieves Correas Cantos


LA TONTACA DEL SILLÓN – Sobre el arte de ofender

 Josefo Atravesado, haciendo honor a su apellido, era un malaleche. Lleno de causticidad y con bastante ingenio, siempre andaba criticando a los demás y poniéndoles apodos; sobre todo a los que él consideraba débiles. En estos casos, se ensañaba con sus víctimas y el aguijón que les hundía en la dignidad llevaba doble dosis de veneno.

A mí, de púbera, el infame Josefo me denominó “La tontaca del sillón”. Así, tal cual suena. Me sacó semejante mote porque una vez me descubrió retrepada en un asiento mientras escuchaba en éxtasis “Tombe la neige”, de Salvatore Adamo. Como si mi exaltación emocional fuera equiparable a la simpleza. Ni que decir tiene que el remoquete tuvo un éxito loco.

Verdaderamente, el ser del que estoy hablando era muy desgraciado. Plagado de resentimiento e infelicidad, tras su comportamiento cruel no subyacían más que complejos.

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EL JUEGO DE LA COMBA

 Me prendé de ella apenas la vi. Me refiero a una comba de saltar. Estaba expuesta en la sección de juguetería de unos grandes almacenes; entre un muñeco llorón y una pelota de fútbol. Despertó mi atención su diseño psicodélico. Tenía la cuerda iridiscente y los asideros rojos; unas empuñaduras escarlatas que, en cuanto las movías, comenzaban a cascabelear.

El caso es que quedé tan embelesada con el saltador que no pude resistir la tentación y me lo compré. Ahora lo tengo en casa y, mientras rememoro mis tiempos de infanta brincadora, intento elevarme, siquiera una miaja, para que el cordel pase por debajo de mis pies.

Nieves Correas Cantos


EL CAMINO DEL CEMENTERIO

 Ahora, con tanta edificación alrededor, el camino del cementerio no provoca ningún miedo; pero antaño, en el tiempo en que dicho sendero se extendía por en medio de la nada, causaba terror. Sobre todo durante el mes de noviembre; cuando por el pueblo circulaban noticias acerca de avistamientos fantasmales que habían sucedido en semejante lugar.

Aunque algunos vecinos escépticos afirmaban que los espectros detectados tenían más de fantasmones que de fantasmas, otros creíamos que se trataba de espíritus de verdad. Seguramente almas en pena que, cansadas de padecer en el purgatorio, salían a garbear...

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LA DAMA DE LAS DOLENCIAS – Los alifafes y la vejez

 Durante un tiempo, los achaques no me dieron tregua. Aún no me había repuesto de uno cuando se presentaba otro. Fue horrible. Parecía que todas las partes de mi cuerpo estaban dispuestas a hacerse notar. Me molestaba la rodilla y, con igual eficacia, las cervicales empezaban a chinchar. Los oídos, la garganta, la curcusilla y el parietal. Menos mal que la vena sarcástica no me falló y un día, para contrarrestar tanto padecimiento, se me ocurrió autoproclamarme Dama de las Dolencias delante de mis mascotas y de mis amigos del alma el Evaristo y el Froilán. Lo pasamos divinamente. Entre los tres humanos pergeñamos el boceto de una ópera bufa sobre los alifafes y bebimos champán. 

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DANZAR Y DANZAR

 Este escrito está inspirado en un relato de Manuel Antonio Tejonero Quiros.

DANZAR Y DANZAR

Nunca he bailado con una mujer; me hubiera gustado, pero mi enorme tamaño y mi desmaña me lo han impedido. Para que se hagan una idea de mis nulas posibilidades bailonas les diré que peso casi cien kilos; gasto de calzado un cuarenta y seis y me muevo con la sutilidad de un paquidermo.

Ahora, como no voy a salas de fiestas ni a discotecas, mi incapacidad no me provoca ningún trauma; mas antaño, en el tiempo en que acudía a la boîte con mis amigos, lo pasaba fatal. Cuando los veía moverse a compás con una chica entre los brazos  ansiaba ser uno de ellos; fundirme con la fémina que me cautivaba y danzar y danzar...

Nieves Correas Cantos

EL TÉTRICO BONIFACIO Y LA COÑA MARINERA

 Cuando camino, voy emanando tristeza; y en los momentos en que estoy parado, también. Así que soy un foco continuo de pesadumbre. Mis amigos, con ironía, me llaman la alegría de la huerta y el hombre alborozado. Y a mí, tanta coña marinera no me puede molestar ya que es el modo que tienen los pobres de contrarrestar mi lóbrego influjo.

Las que sí me parecen vejatorias y me duelen son las actuaciones de algunos desconocidos. Gente que por mi aspecto me considera un gafe y se niega a hacer la lotería primitiva en mi presencia, o que, debido al mismo motivo, se persignan al verme pasar... 

Nieves Correas Cantos


DE NOMBRES Y ABUELOS

 Yo no me podía llamar Juan o Pedro como todo el mundo. No; a mí me tenían que poner de nombre Hormisdas; así, tal cual suena. Semejante gracia se la debo a mi abuelo Donaciano, un viejo extravagante que convenció a mi madre para que me bautizara de esta manera. ¡Y menuda faena me hicieron los dos con el nombrecito! Porque tal denominación, tan rara por estos parajes, siempre me ha dejado expuesto a las bromas de los garrulos de la aldea. Chanzas que en muchos casos no han pasado de ser simples inocentadas, pero que en otros resultan burlas sangrientas... 

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EL GRAN CAFETÍN

 Hormisdas, el dueño del Gran Cafetín, cortaba el chorro de la leche condensada que servía a los clientes con la lengua. Sí, en vez de utilizar una espátula para tal fin, se valía de su ulcerosa culebra. Lo sé porque un día lo descubrí en plena operación. Escondido detrás de la barra, lamía los bordes del agujero por donde acababa de salir el azucarado brebaje mientras musitaba sin parar: ¡Mmmm, qué bueno! ¡Mmmm, qué bueno!

A mí, la visión de Hormisdas henchido de placer lacticíneo me descolocó. Recuerdo que comencé a vocear la palabra “guarrindongo” y que hasta me salió un sarpullido... 

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SOBRE PRONOMBRES E IMAGINACIÓN

 Esta mañana, en la calle, unos encuestadores me han preguntado cuál era mi fantasía sexual. Sin dudarlo he respondido que quedarme encerrada en un ascensor con un gramático. 

SOBRE PRONOMBRES E IMAGINACIÓN

Para algunos, el chocolate es un buen afrodisíaco. A otros, lo que les despierta la libido es el pachulí. Sin embargo, y reconociendo la virtud de ambas cosas, creo que no existe un mayor avivador del deseo que la ortografía. Sí, como lo oyen: las normas que regulan la escritura actuando a modo de agente estimulador. Y lo mismo da que se trate de mayúsculas o minúsculas; interrogativos o exclamativos; acentuación...  

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DE HAIGAS, SÍLFIDES Y TIARAS

 En el fondo de mi memoria existen imágenes de una boda que se celebró en un tiempo remoto e indeterminado. Dicho casamiento debía de ser de gente importante ya que al mismo acudió un invitado conduciendo un haiga y hasta una mujer con una corona de gemas orientales en la cabeza. A los que morábamos en el lugar donde acaecieron los hechos, tal despliegue de extravagancias nos aturdió. Acostumbrados a vivir de una manera sencilla, jamás habíamos visto un coche de semejantes proporciones ni tampoco a una fémina que llevase tiara. A mí me llamó particularmente la atención una convidada grácil y esbelta que lucía un vestido multicolor. Recuerdo que sus movimientos eran tan delicados que, cuando andaba, parecía una mariposa desplazándose por el aire...

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lunes, 6 de enero de 2025

EL DECAIMIENTO OTOÑAL Y EL COMÚN DE LOS PAISANOS

 Cuando a últimos de septiembre la melancolía otoñal llegaba al pueblo, nunca encontraba al paisanaje receptivo. Tal falta de predisposición de los lugareños a ser invadidos por la nostalgia se debía a que en las mencionadas fechas todos se hallaban enfrascados en los preparativos de las fiestas patronales y no les quedaba atención para otra cosa. Así que la tristeza otoñiza tenía que esperar. Aguardar no sólo a que pasaran las celebraciones en honor de san Dionisio, sino también la vendimia que se ejecutaba a continuación. Por lo tanto, no era hasta después de Todos los Santos el momento en que el ánimo de los vecinos comenzaba a languidecer...    

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UNA CITA A CIEGAS

 Lo siento, señores de la televisión; pero a mí, el hombre que me han elegido para tener una cita a ciegas no me gusta nada. Ya cuando lo he visto entrar en el plató, me ha provocado desazón. ¡Con ese pelo amoratado que lucía! Guedejas que iban emitiendo destellos violáceos conforme venía adonde yo me encontraba... Además, dicha cabellera coloreada no guardaba proporción con la perilla cana que cubría su mentón. “¡Menudo cuadro!” es lo que he pensado al tenerlo delante... Tampoco me ha satisfecho su indumentaria, ni su manera de comportarse. Es lisonjero hasta más no poder; la pegajosidad personificada. Para colmo pretendía darme de comer con su cuchara. Incluso me ha preguntado por el sitio más raro en que había hecho el amor. ¡Habrase visto semejante desvergüenza! En fin; es evidente que el problema estriba en que mi estilo es demasiado clásico y el de esta persona harto rompedor... 

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LAS CUCURBITÁCEAS DESABORIDAS Y LOS HUEVOS CON GUSTAZO

 A mí, lo que de verdad me gustaría es tener un trozo de tierra donde poder cultivar los vegetales que consumo. Y gallinas que produjeran los huevos de mi pitanza. Tomates que no sólo satisficieran mis necesidades, sino también mis deseos... Éste es el pensamiento que me viene a la cabeza después de catar unos cohombros que adquirí ayer en un supermercado. Los pobres pepinos parecen de plástico; no saben ni huelen a nada...

Asimismo, y por contraste, las cucurbitáceas desaboridas me recuerdan la tortilla que hice este verano con unos huevos y unos espárragos frescos que me regalaron mis amigos hortelanos. Aquel condumio sí que plació a mis sentidos...

Nieves Correas Cantos


LA NOSTALGIA SEPTEMBRINA Y EL HARTAZGO ESCRITURAL

 Me ha invadido la desgana. Pero semejante falta de interés no es total, sino sólo hacia el arte de contar cuentos e historietas. Una especie de apatía escritural... Y el caso es que las ideas continúan naciendo igual que antes en mi cabeza; mas como no encuentran el entusiasmo necesario, no pueden florecer. Es lástima porque algunas de estas ocurrencias, si no las aprovecho ahora, perderán actualidad. Es lo que sucederá con un tema que no deja de rondarme: la nostalgia septembrina. Sí, esa tristeza que nos entra cuando el estío pierde su esplendor y la ventura proporcionada comienza a desvanecerse... 

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