¡Mira que en los años sesenta del siglo pasado echaban películas lacrimógenas! Las de Joselito afligían hasta a los más impasibles; y las de Juanito Valderrama también...
En el pueblo íbamos de dramón en dramón, con algún filme del Oeste, cómico o de amor y lujo intercalado. Pero eran pocas las cintas entreveradas; prácticamente nunca podíamos dejar de llorar...
Frente a semejante exposición sensiblera, más de un espectador comenzó a flaquear. Quiero decir que hubo quien, ahíto de tanto sentimentalismo exagerado, empezó a encontrar hilarante lo que antes le había parecido conmovedor...
Sin embargo, cuando proyectaron “Los paraguas de Cherburgo”, la respuesta del público fue unánime. El conjunto de los asistentes nos sentimos arrobados con la historia. Los decorados, música, intérpretes, vestuario, coreografía... Y al final, en el momento en que se reencuentran los amantes, todos a una mostramos nuestra emoción. ¡Fue como una gran catarsis pueblerina! Un llanto general e incontenible que a punto estuvo de inundar la sala... ¡Hasta las parejas de novios, sentadas en la última fila y con las madres de ellas haciendo de carabina, dejaron de sobarse y se unieron al plañido! Y los mandamases, que como siempre estaban pontificando, también.
Nieves Correas Cantos

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