Aunque no lo parezca, soy muy desgraciado. Mi ego me tiene absorbido de tal suerte que todo lo que está fuera de él ha dejado de existir. Se comporta como un monstruo engullidor que nunca se sacia; un engendro morboso y atrayente que jamás ve cumplida su necesidad de atención. Es un martirio porque me ha privado de cualquier interés; he acabado convertido en un esclavo sin apegos ajenos a mi propio yo.
Ahora, una muchacha muy apañada me quiere dibujar. Se trata de una pintora que en el pasillo de su casa tiene láminas de cautivos en lugar de retratos de antepasados. La susodicha se figura que estoy sometido a una fuerza centrípeta de la que no puedo escapar; dice que soy un infeliz sujetado a la presión de un ombligo gigantesco y que así me va a representar...
Mi artista está encantada con su proyecto. Me ha asegurado que en su pinacoteca voy a figurar en sitio preferente; muy por delante de la sierva de los convencionalismos, el prisionero de su incontinencia verbal y todos los demás... ¡Veremos en qué termina todo ya que un emplazamiento secundario no lo voy a aceptar!
Nieves Correas Cantos

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