Todos tenemos algo o mucho de burricie. Una parte asnal que nos hace desbarrar en ocasiones. Las personas vehementes, entre las que me incluyo, somos duchas en discurrir fuera de razón; pero también lo son las que albergan prejuicios y/o las que simplemente carecen de finura intelectual.
Cuando se manifiesta nuestro lado pollino, estamos capacitados para responder con pésimas memeces a las mayores sutilezas; y, si nos alargamos, podemos acompañar la sandez de alguna que otra patochada o coz.
Es conveniente señalar que la aparición de partidarios de nuestras tonterías no nos beneficia. El sentirnos respaldados nos vuelve ufanos; nos impide reflexionar y nos lleva directamente a cometer el siguiente yerro.
Ni que decir tiene que al destinatario de nuestras declaraciones extemporáneas lo dejamos helado. Perplejo y lleno de vergüenza, la mayoría de veces piensa que no merece la pena contestar.
Nieves Correas Cantos

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