Aunque se escriben las dos con uve, no debe confundirse la vehemencia con la vanidad. Muchas personas contestan con prontitud porque son ardientes y apasionadas; y aunque procuran reprimirse, se inflaman (siempre verbalmente) con facilidad.
Tampoco se debe tomar equivocadamente el deseo de justicia por el de alabanza. A veces lo que uno está pidiendo no son loas, sino un trato equivalente al que él está teniendo con los demás.
Creo que hay que ser sencillo; pero con la sencillez que da la riqueza, no la pobreza. Y no me estoy refiriendo a cosas materiales, sino espirituales. Con las pensiones que hay nunca vamos a tener más de lo que necesitamos, pero podemos intentar ser cada día más sabios y mejores personas.
Por último quiero decir que somos afortunados porque tenemos inteligencia y sabemos escribir; así que no necesitamos valernos del talento ajeno para decir lo que queremos.

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