En el brazo izquierdo tengo un lunar con la forma de la península Ibérica. Me hubiera gustado tener también los dos archipiélagos, pero el hado Melanino no lo permitió. Obrando a su capricho, dispuso que estuviera Portugal pero no así Baleares y Canarias.
En las fotografías que conservo de cuando era pequeña, lo que más destaca de mi persona es el manchón. Se ve muy grande; y su color tan oscuro contrasta enormemente con el blanco de la piel que tiene alrededor.
Con el paso del tiempo, mi brazo fue creciendo y el antojo empezó a verse menos descomunal. También, como la intensidad de su color pareció menguar, el lunar y yo pasábamos más desapercibidos.
Verdaderamente, mi marca de nacimiento jamás me ha dado problemas. Al contrario, lejos de acomplejarme, siempre la he considerado un signo de distinción.

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