Esta mañana he ido al Banco a actualizar mis datos; y el empleado, cuando ha visto mi fecha de nacimiento, me ha dicho que estoy en la mejor edad para hacerme un seguro de decesos.
Sin darme oportunidad de decir si el asunto me interesaba o no, el susodicho ha procedido a enumerar las ventajas del producto. Desde el otro lado de la mesa y con cara de circunstancias, me ha descrito de una manera pormenorizada como sería mi sepelio. También me ha asegurado que la protección era tan completa que, llegado el momento, mis deudos sólo tendrían que preocuparse de llorar.
¡Madre mía! Si yo esta mañana me he levantado contenta y feliz; si tenía el ánimo exaltado; si lo único que pretendía al ir al Banco era poner al día mis datos... ¡Qué malaje! ¡Si lo sé no voy!

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