domingo, 22 de abril de 2018

El cortejo nupcial


Dentro de unas semanas se casa el hijo de mi amiga Ramona y yo tengo papel en la ceremonia. De un modo concreto, y como ella va  a ser la madrina, mi íntima me ha encomendado la tarea de acompañar a su marido en el cortejo nupcial y en el baile posterior al convite.
Yo estoy encantada. Desfilar ante tantos ojos escrutadores (la boda será multitudinaria) satisfará con creces mi afán exhibicionista; pero como estas cosas no se pueden decir, finjo y me muestro apocada, vergonzosa y no merecedora de tal honor.
El sábado pasado, Ramona montó una pasarela en su patio e hicimos un ensayo general. Los novios y todos los que vamos a acompañarlos al altar formamos parejas y marchamos unos tras otros de bracete. Después nos comimos una paella; y, por último, vino un profesor de baile y nos dio una clase de swing.
Hay que reconocer que mi amiga es un poquito farolera. Le gusta el boato y la magnificencia y está preparándolo todo como si se tratara de un casamiento real. Pero bueno, Ramona es una magnífica mujer y ¿quién no tiene algún defecto?

No hay comentarios: