martes, 5 de diciembre de 2017

No es cuestión de personalidad; la cosa va de pasión


Llegó un momento en el que lo único que hacía era estrujarme la mente y escribir. Me acordé de Don Quijote y de como, por enfrascarse tanto en la lectura, se le había secado el celebro. Tuve miedo de que a mí me pasara lo mismo.
Resolví abandonar por un tiempo la escritura pensando que hallaría otras cosas que cautivarían mi voluntad. Pero me equivoqué; nada me interesaba, y lo único que sentía era vacío y desazón.
Cuando dejé de estar entregada a  mi pasión, mi cuerpo se convirtió en una fuente de dolor. No había parte de él que no me molestara a alguna hora del día, y empecé a sentir una serie de perturbaciones orgánicas difíciles de concretar. Pero lo peor era la inquietud que me acometía generalmente después de comer. Era una sensación de vulnerabilidad; de muerte; de pánico...
Tuve necesidad de retomar mi afición. No sabía si con ella enloquecería; pero sin ella, seguro que sí.

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