A nuestra edad y con estos fríos, a lo que tendemos es a apoltronarnos en la butaca de nuestra casa, y de ahí no hay quién nos mueva. Hacer planes sí los hacemos: nos gustaría ir aquí o allí; hacer esto o aquello... pero las más de las veces, cuando llega el momento de ponerse en marcha, nos da pereza y desistimos. Esto es así porque la imaginación, que es la que hace los planes, no tiene que arrastrar los años, los achaques ni los kilos; pero nosotros, que somos quiénes los llevamos a cabo, estamos obligados a cargar con nuestro cuerpo esté como esté.
Yo aconsejo que si decidimos asistir a un espectáculo saquemos previamente las entradas por Internet. Con este proceder todos son ventajas: elegimos el asiento; no tenemos que hacer cola; no podemos cambiar de opinión a última hora... Y si vamos de excursión, que lo hagamos con amigos. Aparte de ser más agradable, nos apetezca o no nos apetezca luego, no podremos desdecirnos y tendremos que ir.
Como diría un cura de los de antes, nos puede la molicie. Pero a nuestra edad, la desgracia es que ya no nos solemos abandonar a los placeres del cuerpo, sino a la sosegada y aburrida pereza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario