Dedicado a María, mi suegra
Mi suegra era una tejedora virtuosa. Dominaba como nadie el arte de hacer punto; y su hijo, su nieta y yo mostrábamos con orgullo los preciosos jerséis que nos hacía. Mi favorito era uno de color verde oliva, de cuello alto, lana gorda, y que abrigaba más que una manta de Palencia.
Stricto sensu este jersey pertenecía a mi marido (su madre lo confeccionó para él); pero como en los matrimonios no hay tuyo ni mío, su uso y disfrute siempre lo tuve yo.
La madre de mi cónyuge también era amante de la música tradicional. A su nieta le transmitió canciones inolvidables del acervo popular: “La Tarara”, “Me casó mi madre”, “Jardinera”... Si cierro los ojos y me retrotraigo a veintitantos años atrás, las veo a las dos (abuela y nieta chiquitina) sentadas en un patio lleno de macetas, en Vejer, cantando “A la mar fui por naranjas”.

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