jueves, 21 de diciembre de 2017

Casi cien peticiones de amistad en un día


En La Red tengo un  grupo reducido de amigos. Excepto a cuatro o cinco que conocía de antes, del resto no supe hasta que estuve aquí. Con estos últimos, por medio de los escritos, comentarios y encuentros personales (con algunos) he ido forjando una relación de afecto y amistad que ha resistido cualquier dificultad o discordia que haya podido surgir.
Diariamente recibo sugerencias de amistad de gente con la que tengo amigos en común. En principio, lo lógico sería que estas personas y yo también fuéramos amigos. Pero mi menda, por timidez (que no por orgullo), es incapaz de pulsar la tecla correspondiente (sólo lo he hecho en tres ocasiones); y, a menos que el otro la pulse, todo queda sin efecto.
Hace unos días, acepté la solicitud de amistad de una persona con la que compartía un amigo. No sé si lo que vino a continuación tuvo que ver con este hecho; pero lo cierto es que a partir de entonces empecé a recibir un sinfín de peticiones de amistad.
Tantas, que en horas se convirtieron en una avalancha. Enseguida me percaté de que si las aceptaba todas, mis escritos tendrían una inmensa difusión. Pero opté por eliminarlas porque el vértigo y la inquietud se apoderaron de mí y  me quitaron la paz. 

No hay comentarios: