Casi todos los zapatos que llevo son de una determinada marca. Son modelos que quizá no se distinguen por su elegancia, pero sí por su comodidad; y, para mí, es lo importante.
Cuando necesito comprar un par siempre acudo a un centro comercial que está cerca de Barcelona. Allí suele haber existencias para dar y tomar; y, como son restos de temporadas anteriores, están rebajados de precio.
El otro día, cuando andaba yo por dicho centro, me encontré con mi trasunto. Llevaba el pelo color rosa y unos botines con estampado felino; y, como no podía ser de otra manera, entablamos conversación. Hablamos de nuestro amor por la dialéctica y el afán por escribir; de nuestra incapacidad para inhibirnos en beneficio de los demás; de las molestias que vamos causando sin advertirlo; del dolor y el arrepentimiento por el daño causado, aunque haya sido sin querer; de la obligación de volver a ver “Casablanca” porque hoy es el aniversario de su estreno...

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