Hay ojos grandes y pequeños. De tonos inciertos y colores evidentes. Brillantes y animados como un tiovivo y apagados a semejanza de las sepulturas...
Asimismo hay ojos que miran retorcido y pupilas que rezuman nobleza y sinceridad. Luceros que parecen que se vayan a salir de las cuencas y globos hundidos. Órganos afectuosos y desabridos...
Existen los ojos de gavilán que, en “París era una fiesta”, dice Hemingway que tenía Zelda Fitzgerald... y los ojos de Florentina. Estos últimos, garzos y con traza de tener poderes mágicos, le permitieron a su dueña hacer de hada en todas las funciones infantiles y ser considerada una criatura especial. Y a mí, esos ojos insólitos que aparentan ver lo que a los demás nos resulta oculto me posibilitaron reconocerla después de casi cincuenta y cinco años. Sucedió en el pueblo, un día de la Semana Santa pasada. Ahora ella es una mujer madura y yo también...
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario