No, que no: que del opúsculo que pergeñé sobre la lujuria tú no eres la protagonista... ¡Te lo juro por lo que quieras! Es obvio que en él aparecen coincidencias que pueden hacer sospechar: mi obra, por ejemplo, se titula “Desmadre en el patatal” y tú vives entre tubérculos; tampoco ayuda el hecho de que la escribiera inmediatamente después de enterarme de tu aventura con el vendedor de abonos... Pero si me dejas, intentaré explicarme.
Para empezar te diré que mi imaginación es tan fértil que del simple vuelo de una mosca puedo sacar la historia más rocambolesca. Asimismo tienes que saber que conocí tu devaneo cuando preparaba una serie de microrrelatos acerca de los siete pecados capitales y que es cierto que me sirvió de inspiración... Sin embargo, esta inspiración fue sólo un estímulo; algo que me animó a tratar la lascivia, empero sin otras implicaciones. Todo lo que conté provino de mi fantasía.
Mira, me gusta cultivar la apología, mas también la sátira; el disparate y la sensatez; el humor y la seriedad... Todo, menos la sosería y la vacuidad. No sé: creo que es mi manera de crecer como escritora. No obstante, lo que nunca he hecho ha sido ridiculizar a nadie. Satirizo cosas; jamás a personas. El único ser que me mueve a risa soy yo misma; o sea que soy mi propia risión.
Nieves Correas Cantos

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