Mi nombre es Ana, pero todos me dicen Anita “la Disonante”. Para comprender por qué me llaman así hay que conocerme; saber que, debido a mi escasa capacidad de adaptación, voy provocando malestar por donde paso.
Antes, cuando tenía pocos años, esta ineptitud para amoldarme a diversos ambientes resultaba enternecedora; se podía achacar a la timidez que me causaba la inexperiencia y lo que hacía era aumentar mi embrujo. Pero, ahora que soy mayor, esta misma impericia se descubre grotesca.
Mi torpeza a la hora de integrarme me hace sufrir mucho; siempre me siento incómoda y disgusto a los demás. En estos casos soy como un grano fastidioso que a todos causa desazón.
En los momentos en los que estoy entre gente extraña siento que mi cuerpo y mi mente se agrandan considerablemente. Los brazos y las piernas me sobran. Me convierto en un ente disforme y maloliente imposible de encajar...
Nieves Correas Cantos

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