domingo, 15 de mayo de 2022

EL OCULTADOR DE TALENTO

 I. El valor de la grisura

No soporto a la gente que destaca; sobre todo, a la que lo hace en disciplinas relacionadas con el intelecto. Y peor me cae la que, encima de sobresalir, se muestra condescendiente y/o adopta una actitud de falsa humildad, ya que de esta manera me siento más menospreciado...  No sé: yo sueño con un mundo en el que todo fuera gris; un universo en el que nadie resultara singular.

II. Cortar y pegar

Hubo un tiempo en el que me figuraba que los parches que se aplicaban como remedio contra el dolor valían también para tapar los méritos ajenos; que la virtud de los otros se podía esconder con pegotes... Asimismo imaginé que el esparadrapo podía servir para lo mismo; incluso toqué algunos rollos con la varita de mi caja de magia esperando lograr mis fines: que el cubrimiento de cualquier brillantez se alcanzara cortando y pegando tiras...

III. El trabajo ideal

Me gustaría que en la oferta pública de empleo salieran plazas de ocultadores de talento; creo que sería el trabajo más apropiado para mí. Entiendo que resultaría más efectivo malograr ese talento antes de que llegara a descollar, mas todo necesita su tiempo y ocasión.

IV. Recapacitando

Admito que acumulo mucho resentimiento. Soy de natural envidioso; y esa característica, unida a que nunca he provocado admiración en los demás, me han convertido en un hombre lleno de encono. Desconozco si tengo alguna cualidad; las habilidades de los que me rodeaban me han amargado tanto que no me han dejado ánimo para descubrir las mías y fomentarlas.

Nieves Correas Cantos


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