Me dices que presenciaste una pendencia entre Cristeta y Miguel y te creo. Añades que los ánimos se fueron caldeando hasta convertir la pelea en peleón y lo sigo dando por cierto. Lo que me sorprende es que unas personas discretas y educadas como ellos mostraran en público aspectos tan desagradables de su vida personal.
Yo hubiera asegurado que esa pareja no disputaba nunca. Estaba convencida de que era uno de esos matrimonios que, después de tener sus más y sus menos, había llegado a una situación en que ni las hostilidades existían porque la indiferencia se había impuesto. Una unión en la que cada uno hacía su vida sin inmiscuirse en la del otro. Estado que a ambos les interesaba conservar ya que, a las puertas de la vejez, les proporcionaba seguridad y les resultaba muy cómodo.

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