A mí se me cae la baba con mi nieta. Todas las gracietas que hace me parecen divinas; y su despertar, en concreto, lo tengo catalogado como uno de los espectáculos más hermosos que he podido contemplar.
Cuando la pequeña quiere regresar desde Ensueñolandia al mundo real, lo primero que hace es abrir los lucericos y mostrar aturdimiento; la confusión propia de quien no sabe dónde está... Luego los cierra y continúa durmiendo durante unos minutos más... Después los vuelve a destapar y, mirándome, me dedica una sonrisa que me embarga los sentidos...
Su aspecto en ese instante es el de una croqueta alegre y gozosa. Un bollete que va a seguir desperezándose en mi halda hasta que se acuerde de que tiene que comer...

No hay comentarios:
Publicar un comentario