Por los años de 1960, cuando me trasladé del pueblo a la ciudad, lo hice con mucha ilusión; pero, a poco de llegar, empecé a pensar que había perdido el paraíso. Teniendo esa impresión me fue difícil adaptarme, e incluso tolerar mi nueva situación; y más de una vez maldije la decisión que me había puesto en camino. Añoraba constantemente lo que había dejado atrás, y nada de lo que estaba experimentando por primera vez era de mi agrado...
domingo, 15 de septiembre de 2019
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario