domingo, 15 de septiembre de 2019

Sobre aquello que nos erotiza


Tengo una amiga a la que las sotanas excitan sobremanera; otra que juzga muy sexis a los hombres de piel negra; una tercera que siente acrecentado su deseo cada vez que ve un andamio; y luego quedo yo, que me atraen los campesinos...
Supongo que la raíz de mi inclinación se encuentra en experiencias que tuve en la adolescencia; en episodios vividos que, de una u otra manera, me dejaron huella.
Recuerdo cierta ocasión en la que un muchacho que apacentaba al ganado nos habló a una amiga y a mí de sexo. Lo hizo con total desvergüenza y procacidad; y nosotras, que éramos un par de bobas en plena pubertad, quedamos impactadas. También me vienen a la memoria las veces que por entre las cortinas observé a los labriegos que pasaban por la calle; y aún me parece sentir el desasosiego que la rusticidad que desprendían me provocaba...
Y lo que con certeza vino a fijar mis preferencias fue la lectura de “El amante de Lady Chatterley”. Confieso que en aquel primer encuentro con el libro me pasaron desapercibidos la complejidad de los personajes y otros aspectos interesantes de la obra; y que mi interés se centró solamente en la pasión vivida por Constanza y Mellors... ¡qué erótica me pareció! 

No hay comentarios: