domingo, 15 de septiembre de 2019

Grandes fantasías y pobres realidades


La familia Fantasmona me ha invitado a pasar un fin de semana en su casa de la playa, y yo no quiero ir. No sé como zafarme del compromiso sin resultar descortés, pero es que no me apetece. De hecho, creo que preferiría que me diera un cólico antes que tener que acudir a esta cita.
Y no es que dicha familia sea mala, ¡qué va! Lo que ocurre es que se pasan la vida presumiendo de grandezas inexistentes, y yo esto no lo puedo soportar. Por cada mérito que les enseño, ellos me muestran otro más gordo; y en realidad, apenas me escuchan...
Estos señores presuntuosos y altaneros son duchos en minusvalorar los logros ajenos y en ensalzar los propios; en tratar a los demás como si fueran idiotas; y en hablar con un insoportable tono dogmático... Son engreídos y acomplejados; y siempre están exagerando y mintiendo porque no aceptan su triste realidad.
¡Pero no quiero que nadie piense que estoy criticando! Yo a estas personas les tengo mucho cariño y me caen muy bien, pero ellos en su casa y yo en la mía.
Además, ahora mismo me voy a estrujar las meninges para encontrar una excusa plausible que me permita eludir el compromiso sin dañar la amistad.

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