El siguiente relato es una sátira sobre lo que atonta el amor. Lo escribí hace años; espero que os guste.
Para Enric:
¡Ay, Enric, Enric!¡Qué tormento!...¡Qué locura!
Cuando llegas por la mañana a clase, dominante y castigador, y provocas a tu paso un sinfín de ayes y suspiros, el demonio de los celos se apodera de mí y me quedo sin aliento.
En la mente tengo grabado el momento en el que me enamoré. Fue el día trece de octubre, en la clase de Informática. Y es que el destino, esa fuerza misteriosa que a su antojo hace y deshace, se valió de la profesora y de su proyecto de trabajo por parejas para ponernos en contacto.
Sentados frente al ordenador, tú a los mandos y yo a tu vera, un movimiento de tu brazo recio y viril apenas rozó mi pecho. Entonces me trastorné; y, absorbida por las imágenes psicodélicas que en ese momento inundaban la pantalla, creí ser llevada al monte Olimpo, donde mora Afrodita.
No sé cuánto tiempo estuve en ese estado, pero cuando recuperé el sentido y te vi mirándome imperturbable y con la ceja levantada, supe enseguida que eras inmune a las penas del amor, y entonces empezó mi calvario.

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