De joven, su deseo más recóndito era ser la Paloma Negra de la canción del mismo título. Las normas y el orden establecido la oprimían tanto que no podía respirar. Escuchaba con fruición a Chavela Vargas: su voz áspera y sensual le cautivaba. Cuando yacía entre los brazos de su amante se hacía el propósito de no deberse nunca a nada ni a nadie... y éste, que además de su amigo era su confidente, sabía que no podía retenerla.
Con el tiempo, esa mujer que ansiaba ser libre y vivir su vida con quién y como quisiera se convirtió en un modelo de virtudes y perfección. Para no volverse loca, se hizo acomodadiza y convencional; y consiguió no cometer nunca un despropósito. Procuró no volver a oír a Chavela Vargas para no sumirse en la tristeza; y borró de su memoria aquel jodido combate en el que su educación, las presiones de su entorno y su falta de valentía quedaron por encima de sus deseos.

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