La conciencia tranquila es lo mejor que podemos tener. Se puede disfrutar de bonanzas varias, pero la paz y el sosiego que te produce el haberte comportado adecuadamente con tus mayores no se puede comparar con nada.
Ya sé que es más fácil hablar que actuar; que hay situaciones muy duras que se prolongan indefinidamente; y que no todos tenemos madera de héroes o santos. Pero cumplir con el deber ha de ser una prioridad en nuestra vida.
Tiene que ser horrible vivir con remordimientos. No poder remediar el daño hecho debe de ser como tener un runrún en la conciencia por los siglos de los siglos.
Claro que, para que todo esto ocurra, hay que tener conciencia.
Hoy me ha dado por escribir un texto moralista... ¡qué le vamos a hacer!

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