martes, 2 de mayo de 2017

Renacuajos y huevos duros / San Marcos-1960


A mi hermana Hortensia

Hoy, todos los habitantes del pueblo se irán de merienda al campo. Pero no al campo que empieza donde termina la calle, sino un poco más lejos. Llevarán en sus cestas de mimbre hornazos y huevos duros; e irán provistos de mantas viejas para poder sentarse en tan agreste lugar.
Yo tengo siete años, y estoy la mar de guapa con  mi pañoleta, mi faldellín de colores y mis zapatillas rojas. Dentro de un rato experimentaré una simpar sensación: sumergiré mis zapatillas en una charca llena de renacuajos; y cuando estén rebosantes   de agua, introduciré muy despacio los pies en ellas para que las larvas me hagan cosquillas. También esclafaré huevos en las cabezas de mis amigas y ellas lo harán en la mía; y nos embadurnaremos con las yemas caras y cuellos.
Los mayores hablarán de sus cosas, no nos perderán de vista y dispondrán la merienda; y los jóvenes, por ahí...

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