sábado, 6 de mayo de 2017

La Primera Comunión


¡Pobre Luisa! Tanto tiempo esperando la Primera Comunión de su nieta, y el día del evento un percance malogró todos sus planes.
Ocurrió durante el desayuno; cuando masticaba su habitual pan y chocolate. De pronto notó algo duro dentro del bolo, y cuando lo sacó de la boca para ver de qué se trataba, se encontró con un pedazo de diente. Lo primero que pensó fue que podía provenir del panadero que había amasado el pan que se estaba comiendo; pero en cuanto pasó la lengua por su encía, tomó conciencia de la tragedia: se le había roto un incisivo.
Se miró en el espejo y vio reflejada en él una mella grande y oscura; sintió como por ella se le escapaba toda la seguridad que tenía en sí misma y se quedaba sin protección ni defensa.
Inmediatamente pensó en posibles soluciones para disimular el destrozo y no fallarle a su nieta. Podía no despegar los labios en toda la celebración; hacerse una funda con tela blanca almidonada... Pero finalmente desistió: las piernas le temblaban demasiado y se estaba quedando sin fuerzas.    

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