Quizá, a los que utilicéis asiduamente los adelantos tecnológicos, estas líneas os parecerán de escaso interés. Pero a mí, que las estoy escribiendo con papel y lápiz, el descubrimiento del que os voy a hablar me fascinó y me llenó de angustia.
Ocurrió en el aeropuerto de El Prat mientras esperaba a un allegado que volvía de Skopje, la capital de Macedonia; y fue que advertí que podía seguir la trayectoria del avión que lo traía en la pantalla del móvil. Lo vi sobrevolar Italia, y más tarde entrar en el Mediterráneo; y cuando surcaba el cielo, al norte de Las Baleares, me dio por pensar: ¿y si esta linea verde que estoy viendo se interrumpiera de pronto y desapareciera junto al avioncito del mismo color? ¡Jesús, qué escalofrío me dio! Dejé de mirar el teléfono porque me estaba poniendo de un histérico...

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