Dedicado a todos los fuentealameros
En mi pueblo hablamos muy bien. Es cierto que, como nuestros vecinos murcianos, acabamos las palabras en -ico; pero esto, que para las cuestiones formales puede ser un inconveniente, en los asuntos amorosos resulta una bendición. Porque ¡dónde va a parar que un pretendiente te susurre al oído que eres lo más bonico que ha visto en su vida a que te diga escuetamente que eres bonita! En el primer caso te comerías a besos al aspirante a novio; mientras que en el segundo, lo rechazarías por cursi...
También es indudable que pronunciamos a menudo “pijo” y “odo”; aunque lo hacemos con tanta gracia y tan oportunamente que, dichas por nosotros, estas palabras malsonantes se transforman en pintorescas expresiones que avivan nuestra conversación.
Y, con estas y otras características, nos expresamos con elegancia y sencillez; tenemos un amplio vocabulario y a la sangría la llamamos cuerva.

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