Más que asegurar que Rufina es una inepta para la cocina, lo preciso sería decir que jamás ha tenido el mínimo interés en aprender este noble arte.
Médico como Hipócrates, la susodicha sabe que la buena alimentación es fundamental para mantener la salud y cuida la suya con esmero; pero en cuanto a lo de hacerla sabrosa, nunca ha encontrado la razón...
Y habiendo dado en los dos párrafos anteriores pruebas palmarias de que Rufina no es con el sentido del gusto con el que más disfruta, quiero insistir en que es una defensora a ultranza de la buena alimentación y que lleva a rajatabla la suya. También aprovecha cualquier oportunidad para instruir a los demás en tan importante materia. Y eso a pesar de que a veces encuentra hábitos tan arraigados e ignorantes tan estólidos que sus palabras tienen el mismo efecto que una gota de agua sobre una piedra berroqueña.

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