No sé si me haré moño alto o moño bajo, pero seguro que al evento voy a llevar los cabellos enroscados. Y también voy a lucir flequillo: el verano pasado me lo recorté por la mitad de la frente y me quité treinta años de encima. Así que, en esta ocasión, voy a hacer lo mismo. Y en lo que atañe a la indumentaria, voy a cubrirme con un conjunto de entretiempo que me compré en Albacete y que aún no he estrenado. Y calzada con taconazos, por supuesto.
Pero a mí lo que me preocupa no es lo de fuera, sino lo de dentro. Y es que, a medida que me hago mayor, voy controlando menos las emociones. Ahora, por ejemplo, cuando veo a una persona con buena educación, me conmueve por lo extraordinaria que resulta; y si encima es joven y conjuga correctamente el verbo caber, la conmoción que tengo es tremenda.
En fin, que me han invitado a una reunión de índole social y que intentaré asistir muy elegante y derrochando encanto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario