Cuando eres joven, te vas de los sitios y ni te pasa por la cabeza que alguna circunstancia te pueda impedir regresar. Pero ahora, de mayor, sientes que volver no va a depender sólo de tu voluntad, sino también de tu cuerpo. Por eso, cuando abandonas un lugar y le dices adiós a la gente que lo habita, lo mejor es no poner fecha al momento del reencuentro; o, en todo caso, condicionarla a que no surjan quebrantos de salud.
Y si el retorno lo piensas hacer en invierno y acompañado de alguien de tu quinta, conviene que te llenes de paciencia porque probablemente tus planes resulten fallidos; o, como mínimo, alterados.
En fin, amigos, que en esta etapa de nuestra vida, cuando no tenemos una cosa tenemos otra. Kempis acuñó la frase “El hombre propone, y Dios dispone”. De un dicho de Catón el Viejo salió el refrán “El hombre propone, y la mujer dispone”. Y una servidora va a incorporar al acervo cultural su propia ocurrencia: “Los viejos proponen y los achaques disponen”.

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