sábado, 22 de diciembre de 2018

Una mujer frugal


Mientras saborea un apio, Micaela mira una revista. En las páginas de la izquierda encuentra, perfectamente ilustrados, anuncios de manjares que nos incitan a atracarnos de comida en estas Fiestas. Y en las planas de la derecha, consejos para perder los kilos ganados con el atiborramiento anterior. Fechas de comidas pantagruélicas seguidas de días de ayuno... 
Evidentemente, Micaela se pone a reflexionar sobre lo absurdo del comportamiento humano; y esto ocurre cuando, después del apio, se come una naranja agria y alcanza el culmen del disfrute.
¿Cómo es posible que alrededor del adelgazamiento prospere una industria tan floreciente, se pregunta nuestra amiga? ¿no sabe la gente que, salvo que existan problemas de salud, la mejor manera de mantener el peso debido es aplicando el sentido común?
Y es que, en cuestiones de comida, Micaela es una descastada. En un país en el que todo se celebra comiendo y bebiendo, no se permite un extra jamás. Ya puede ser Nochebuena o Navidad; cumpleaños o santos, que ella siempre es parca en comer y abstemia. Y como sus sabores preferidos son el agrio y el amargo...

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