Tengo motivos para estar alegre y, sin embargo, me siento abatida. Hace unas semanas, cuando estaba a punto de realizar un proyecto muy ilusionante, una lumbalgia me lo impidió; y ahora, físicamente estoy bien, pero tengo el ánimo por los suelos.
Al principio parecía que mi cuerpo y mi mente habían dejado de tener relación. Si estaba acostada, por ejemplo, no podía reprimir el ímpetu y el deseo de actuar; pero, cuando ponía el pie en el suelo, me sentía morir. Era como si en mí concurrieran la fuerza absoluta y la incapacidad total. Por primera vez en mi vida percibía mi cuerpo como una cárcel.
Luego, poco a poco, fui mejorando y sintiéndome más capaz. Supongo que en algún momento del proceso cabeza y cuerpo concordarían, pero ahora vuelven a no armonizar. En este tiempo podría bailar un twist, pero mi inmovilidad psíquica me lo impide. Cuando salga de este bajón volveré.

No hay comentarios:
Publicar un comentario