Si no fuera porque iba a quedar fatal, antes de entrar a la ceremonia le pediría a los invitados que dejaran los teléfonos móviles dentro de una caja preparada al efecto. Y no es que pretenda preservar una exclusiva (faltaría más), sino que así podría relajarme ante la certeza de que mi imagen no iba a ser expuesta en la Internet.
Y además, está la cantidad de profesionales con los que parece necesario contar para que todo quede bien. Cada vez que me caso me encuentro con más. En mi primera boda, con la modista y la peluquera de toda la vida; un primo que me hizo las fotos; y otro que puso los discos en el convite tuve bastante. Pero ahora, no puedo prescindir de un vestido de tal firma; maquillador y estilista; fotógrafo; disc-jockey...
Sinceramente, mi presupuesto es muy limitado y no sé de dónde va a salir el dinero para tanto. Cada vez que contrato a un nuevo profesional, tengo que reducir en diez la lista de invitados. En este momento están seis a catorce. A este paso, al final quedaremos ellos y yo.

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