domingo, 8 de diciembre de 2019

Una pasión que devora


Ayer asistí al debut de Clara y quedé encantada. Pero su actuación no me satisfizo porque fuera mi allegada (que también); sino porque la susodicha, intuyendo que, cuanto más exagerado fuera un texto, más contenida tenía que ser su interpretación, se condujo en todo momento con sobriedad y elegancia.
Los otros actores estuvieron a tono; y la dirección; vestuario; decorados; iluminación... ¡y hasta unos tacones parlantes que, detrás de un biombo, hacían las funciones de apuntador!
La obra era muy entretenida; y los interpretes, desde el escenario, suscitaban entre los espectadores risa, algazara y ganas de danzar. Confieso que, en el momento en que sonó un pasodoble, estuve a un paso de pedirle a mi vecina de asiento que lo bailara conmigo. Lo que me retuvo fue que no hubiera espacio suficiente en el patio de butacas.
Y por último, cómo no mencionar lo guapísima que estaba Clara cuando, después de la apoteosis final, bajó del escenario. El brillo de sus ojos era señal del estado de exaltación en el que se encontraba. Luego imagino que vendría la sensación de vacío, pero eso sería después...

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