sábado, 23 de marzo de 2019

Zum


Suelo comer alrededor de la una; y después, veo un rato la televisión para relajarme. A la una y media hacen un programa que me entretiene. Se trata de un concurso en el que una pareja tiene que adivinar la edad de siete desconocidos que van entrando sucesivamente en el plató. Para conseguirlo, cuentan con una serie de pistas cuales pueden ser fotografías de la niñez de los susodichos; datos familiares; famosos que nacieron el mismo año que ellos; zum... 
Y es el zum, esa prueba que consiste en examinar de cerca al desconocido, a lo que yo no podría someterme sin descubrir que ya soy mayor. Porque si una servidora, después de tomarse un güisqui, decidiera ir al programa, por mi garbo al entrar en el set aparentaría cincuenta años; pero si los concursantes me vieran a corta distancia, su dictamen sería demoledor: ¡me echarían diez años más de los que tengo!
Y es que ayer me miré en el espejo con las gafas puestas y me quedé completamente abatida: toda yo soy una pasa enmagrecida y en la cara no me cabe una arruga más. Por lo tanto, la única manera de que los concurrentes acertaran mi edad sería diciéndoles que en el mismo año que nací, Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay llegaron a lo alto del Everest. 

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