En las estanterías de mi casa hay de todo. Libros, un montón; aunque también álbumes de fotografías, cedés, mapas, tubos de cartón con títulos enrollados dentro... ¡y hasta una dama de Elche!
Y en medio de este caos, metidas en sus carátulas, están las ocho cintas de vídeo que continen la serie televisiva “Los Gozos y las Sombras”. Cuando la estrenaron, yo ya había leído la obra de Torrente Ballester y conocía las vicisitudes por las que iban a pasar todos los personajes. Pero si el libro había avivado mi imaginación, la serie fue un regalo para los sentidos: los hermosos paisajes, la música, la ambientación, el trabajo de los actores, la belleza de Clara y de Rosario, la atmósfera asfixiante...
Me resultaría imposible decir qué me gustó más, si libro o serial, porque para mí son dos cosas diferentes. Quizá las imágenes me emocionaron más; aunque con el libro disfruté del lenguaje y el estilo de este magnífico escritor. Y como la imaginación no tiene límites, la lectura siempre me permitió ver la historia con más matices.

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