sábado, 3 de febrero de 2018

Micaela y la copla


La afición de Micaela por la copla viene de cuando le regalaron un elepé con canciones de este género.
Le gustó tanto que enseguida se compró la colección de discos de doña Concha Piquer; y canciones como “Tatuaje”, “La niña de la estación” y “La Lirio” entraron a formar parte de su bagaje artístico musical. Esto ocurrió por los años de 1973, en el tiempo en el que Micaela lucía bella y esplendorosa.
Pronto empezó a relacionar determinadas canciones con los intérpretes que les habían conferido su particular estilo; y así, en su magín empezaron a aparecer juntos “La bien pagá” y Miguel de Molina; “Pena penita pena” y Lola Flores; “María de la O” y Marifé de Triana (por cierto, que desde que oyó a un grupo de fanes llamar a esta última “la Marifé”, no logró referirse a ella con su nombre artístico completo nunca más)...
Conforme fue adquiriendo conocimientos se fue haciendo más selectiva; y ya no le era indiferente oír “Cinco farolas” cantada por Rocio Jurado o por cualquier otro artista.
Ahora Micaela es una persona mayor y ya no es capaz de entusiasmarse con casi nada. Pero cuando en las noches estrelladas pone a Carlos Cano y le oye cantar “Ojos verdes”, se sumerge en la sublime belleza del momento y se pone a llorar.

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