“Si la parsimonia estuviera comercializada y se vendiera en botellas, a mí me convendría tomarme unas cuantas copas cada día.
Y es que el tiempo parece faltarme: siempre tengo prisa; vivo en constante frenesí...
Si el autobús tarda en venir o va despacio, me lleno de impaciencia y de nerviosismo. El ruído del móvil anunciándome un WhatsApp me irrita sobremanera, y hay veces en las que me dan ganas de estamparlo contra la pared. Declino entablar conversación con los vecinos no vaya a ser que se enrollen y me hagan perder el tiempo. A las personas de mi entorno estoy continuamente apremiándolas y las pongo histéricas. Resuelvo y vivo el futuro en el presente. No puedo más...”

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