Don Guzmán decidió visitar a la viuda de su antecesor para presentarle sus respetos; pero antes, para no cogerla desprevenida ( y tal como establecía la costumbre) le envió a un propio con el recado.
Enterada la viuda Catalina de las intenciones de don Guzmán, apartó los pensamientos fúnebres de su psique y se dispuso a preparar la visita. Ordenó a la fiel Eufemia que bruñera la plata y que descubriera los espejos velados; y ella, como aportación personal a la empresa, se puso en la cara dos capas de crema Pond's.
Luego, sentada en la mecedora, comenzó a pensar en sus dos hijas...

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