domingo, 4 de diciembre de 2016

Una necesidad compulsiva


Mis adicciones son muy comunes; y, en general, las controlo todas. Tomo chocolate con templanza; fumo un cigarrillo al día; hago gimnasia moderadamente...
Pero hay una dependencia a la que no me puedo sustraer; una necesidad que me puede y me subyuga; un poder que me domina por completo.
Mi droga se llama Voz, y de apellido Prodigiosa. Omitiré el nombre de su poseedor, pero no me abstendré de decir que es uno de los mejores cantantes que han existido.
Y es que puedo permanecer tranquila durante meses si no la oigo; pero, como mi cuerpo entre en contacto con ese sonido, no me puedo controlar. Esté donde esté, tengo que aligerar mi vuelta a casa para poder poner un vinilo y dejar que las notas fluyan por mis venas. Si no lo hago, no consigo desterrar la ansiedad que me consume; la zozobra que me está matando por dentro.

No hay comentarios: