jueves, 8 de diciembre de 2016

Los ojos de Joselito


En el fondo de mi memoria permanecen inalterables un rosal, un muñeco que empujaba un carrito de helado y los ojos refulgentes de Joselito.
El rosal estaba en el patio de mi casa, y la aparición de sus primeras flores era un acontecimiento para nosotros. El heladero mecánico vendía sus mantecados alrededor del rosal; y los ojos de Joselito se me aparecían por la noche aterrorizándome y fascinándome a la vez.
Supongo que esta visión reiterada fue la consecuencia de haber visto “El pequeño ruiseñor” sin estar preparada para ello. Cuando la echaron el el cine del pueblo, recuerdo que gran parte de los espectadores se hartaron de llorar; y que yo me quedé fuertemente impresionada por el brillo que emitía la mirada del protagonista.

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