Darse un caprichito de vez en cuando levanta el ánimo una barbaridad. Pero a mí, en este tema, parece que me persiga la fatalidad.
Cuando consigo ahorrar algún dinero para emplearlo en tal fin (darme un capricho), siempre surge algún imprevisto que se come mis ahorros y me desbarata los planes.
Unas veces es la lavadora que empieza a hacer ruidos extraños y se avería en ese momento; otras, es el seguro olvidado del coche; otras, alguna contribución...
Yo, el malogro de mi ilusión, procuro tomármelo con filosofía; pero es que es una vez, y otra, y otra...
Al final se me a acabar minando la moral, porque esto ya pasa de castaño oscuro.

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