viernes, 29 de enero de 2016

Dando coces por la vida


Ayer tarifé con una amiga. Lo sentí mucho, pero me faltó al respeto y eso no lo puedo consentir.
Fue en el Mercat dels Encants, después de comprar un mundillo y bolillos de colores.
Mi amiga, que es más buena que el pan, va por el mundo dándoselas de brava y esto la va abocando a quedarse sin amigos. Su problema es que es muy vulnerable y la han hecho mucho padecer; y como es incapaz de encontrar la felicidad, se resarce dando coces a diestro y siniestro. Atendiendo a estas circunstancias, yo le he disculpado muchos exabruptos, pero mi paciencia tiene un límite y ayer lo rebasó.
Todo sucedió en el bar, cuando después de recorrer las galerías desde los puestos de quincalla a los de antigüedades, nos sentamos a tomar un piscolabis. Mi amiga sacó su iPad y me pidió que leyera un artículo cuyo tema no hace al caso. Lo leí con atención y enseguida me percaté de que era infumable; de que estaba pésimamente escrito y resultaba trasnochado. Bien, pues como se me ocurrió opinar que era mediocre, y por lo visto a ella le parecía el súmmum de la calidad, me tachó de un sinfín de cosas, y prácticamente me insultó.

Ya he dicho que lo siento, pero el camino no es ir ofendiendo a los que te quieren por muy mal que lo estés pasando. Lo que procede es confiar en ellos y cultivar su amistad.

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