Siempre has sido un cursi, Heliodoro; pero desde que vives en la ciudad, tu afectación no tiene límite. Aquí en el pueblo nos es difícil aguantarte, y sólo lo conseguimos con buenas dosis de humor y socarronería.
Consideras que tus paisanos somos unos cafres pendientes de civilización; y, cuando estás entre nosotros, no dejas de pavonearte creyéndote superior.
El problema es que el bagaje intelectual del que presumes no es más que un ligero barniz; y así, te pasa lo que te pasa.
El otro día, por ejemplo, corregiste a una lugareña cuando la oíste llamar al desván guardilla. Con tu insoportable pedantería, le dijiste que la palabra correcta para nombrar esa parte de la casa era buhardilla. E incluso, te permitiste deletrear el vocablo para hacerle saber que llevaba hache intercalada.
La mujer, que te conoce, con mucha flema te respondió que tan libre de error estaba guardilla como buhardilla, boardilla y bohardilla. Pero tú, que te has convertido en un tonto envanecido, te mantuviste en tus trece. Luego, sólo hubo que mirar el diccionario...

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