lunes, 27 de agosto de 2018

El olor de la menta


Una noche, Lía y Segismundo nos invitaron a cenar en su jardín. Allí encontramos a Mario y Sara, que acababan de llegar de la ciudad; y claro, les contamos la anécdota de la guardilla. A Mario le pareció recordar que en “Luces de bohemia” aparece este vocablo; pero ni Lía ni yo, que somos buenas lectoras de Valle-Inclán, conseguimos ubicarlo.
Mientras comíamos tortilla de patatas con ensalada y bebíamos vino, hablamos de ese feminismo castrante (proclamado por algunos) que acompleja al hombre; y en este punto, Segismundo, un inteligentísimo varón, dijo cosas muy interesantes al respecto. 
Y cuando nuestros anfitriones sirvieron el postre (melón y sandía con chocolate fundido y licor), abordamos el tema de cómo afrontar el mundo de hoy con la mentalidad de ayer que los de nuestra generación tenemos. Aquí todos confesamos sentirnos perdidos a veces.
No sé si fue el vino o el olor de la hierbabuena lo que nos avivó, pero aquella noche todos estuvimos especialmente brillantes.

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