sábado, 22 de julio de 2017

En el cementerio


Cuando vuelvo del campo, me paso por el cementerio y echo allí un rato. Me gusta acariciar las lápidas de mi familia y decir hola,  limpiarlas cuando es preciso y poner flores. También me gusta pasear por entre las tumbas y cotillear un poco. Me fijo en los nombres que están inscritos en sus piedras; y no sería la primera vez que utilizo alguno de ellos para denominar a las protagonistas de mis escritos (¿os acordáis de Procesa?).
Me suelo sentar en un banco estratégicamente situado entre cipreses y con vistas al paseo principal; y allí, acompañada del gorjeo de los pájaros o de la plática de alguna paisana que esté en esos momentos visitando el camposanto, me relajo y descanso antes de emprender el camino de subida al pueblo.

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