El escrito de Pucho “La banda sonora”, que me encantó, me hizo pensar en mis primeros guateques...
El sumo interesante fue mi partenaire de baile en mis primeros guateques. Lo llamábamos así por su aire lánguido, su aspecto fatigado cual si llevase el peso del mundo sobre sus hombros y su poca conversación. Me sacaba dos cuartas en estatura y al menos cinco años en edad; y aunque no me acuerdo de su nombre verdadero, aún me parece sentir mis brazos pendiendo de sus hombros, y mi flequillo rozando su mentón. Me agarraba por la cintura y bailábamos acompasadamente, pero jamás intentó ir más allá.
Con el paso del tiempo, el sumo interesante pasó a ser en mi magín el sumo colocado. Fue después de que empezara, ya mayor, a atar cabos: ese arrastrar de pies; ese balbucir y esa lengua trabada; esos ojos brillantes; esos lebrillos de cuerva y esas pastillas de “café con leche” entrevistas en una habitación anexa donde los “pequeños” no teníamos acceso...

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