viernes, 17 de abril de 2015

La madrugada


Para mí, que me acuesto con las gallinas, las mejores horas son las de la madrugada. Es cuando estoy más lúcida, y cuando aprovecho para viajar al interior de mi alma; para escribir; para hacer gimnasia...
Antes, la introspección la solía hacer en las iglesias. Su atmósfera y su silencio me invitaban a ello, pero como ahora casi siempre están cerradas, la hago aquí.
De escribir puede venirme el deseo irrefrenable en cualquier momento, pero en esas horas mágicas es cuando se me ocurren las mejores ideas, y cuando combino más fácilmente las palabras.
Y la gimnasia la hago siempre con la radio puesta. Me muevo mucho por el dial para escuchar diferentes pareceres; y cuando acabo, me encuentro divinamente y con ganas de desayunar.

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